Advertencia: Generalmente los enlaces llevarán a las páginas en japonés. Ya me he dado cuenta que las versiones en inglés no están actualizadas y son bastante más simplonas y feas. Pero muchas veces hay un botón "english" en algún rincón.
Un poquito de información histórica antes de comenzar: Yokohama es la capital de la prefectura de Kanagawa, con una población de 3.6 millones de personas. Se le considera la segunda mayor ciudad de Japón después de Tokyo. Originalmente Yokohama era un pequeño pueblo pesquero, pero en 1853 (¡ups! había metido la pata en 100 años, gracias por corregirme, Xavier) el comodoro gringo Matthew Perry llegó al sur de Yokohama con una armada de barcos de guerra y exigió al Shogunato Tokugawa que Japón se abriera al comercio con Usa (creo que desde que llegaron como colonos, estos desgraciados han hecho todo por la fuerza). Entonces en 1959 se estableció allí el puerto principal de Japón y Yokohama se transformó en el lugar de la interacción con los extranjeros, que vivían en una zona aislada de la ciudad.
Ahora sí, ¡empecemos! Antes de salir de San Sebastián habíamos planeado nuestro viaje y leyendo las muchas recomendaciones que hay en internet, compramos un par de Japan Rail Pass (Wikipedia en inglés) de 15 días, de ahora en adelante JRP. Fue una tremenda inversión, 826€ (incluido el envío, unos 12€) por los dos pases. El primer fin de semana que fuimos a Tokyo, cuando fuimos a Mitaka, cambiamos nuestra Exchange Order por nuestros pases, habilitándolos desde el 12 hasta el 25 de marzo (son obligatoriamente 15 días continuados). Hoy fue por lo tanto nuestro primer uso del pase.
Para salir desde Tsukuba generalmente es más eficiente usar el Tsukuba Express (de ahora en adelante TX) , cuyo servicio rápido lleva a la estación de Akihabara en 45 minutos. El problema es el JRP no es válido en él. Sin embargo, nosotros como dueños de un JRP podíamos usar un bus de la línea JR Kanto, que nos deja en la estación de Ueno, con una duración de viaje de una hora y media. Quizás alguno de mis lectores dirá "¡pero si eso es muchísimo, es el doble!", pero en realidad yo estoy acostumbrada a viajar ese tiempo porque es la mismo que demoraba en ir de la casa de mi mamá a la Universidad y por otro lado, el camino en bus era mucho mejor que el del TX, que tiene unas paredes de concreto a ambos lados que no dejan ver mucho (hay unas poquitas fotos del viaje en la galería). Por otro lado, para ir al TX hay que caminar unos 25 minutos de acá hasta la estación, mientras que el bus tiene una parada relativamente cerca, a unos 15 minutos de la residencia (¡y que se agradecen cuando venimos de vuelta!).
Así las cosas, llegar desde Ueno a Yokohama demora una buena media hora, cambiando en Tokyo a la línea JR Tōkaidō. No es mucho. Al salir de la estación, a mano derecha hay una oficina de información turística donde se puede conseguir un mapa. Más allá de la oficina se ve el inmenso rascacielos de Landmark Tower, en cuyo piso 69 hay un mirador, por el que hay que pagar ¥1000. Nosotros somos turistas de bolsillo pobre y en realidad no valía mucho la pena pagar por vistas de día, las de noche son las más impresionantes y para eso teníamos reservado ir al Tocho, al edificio del Gobierno Metropolitano de Tokyo, unos días más tarde, así que nos saltamos esta visita.
Desde la misma salida de la estación se ven unas escaleras mecánicas que llevan a un bonito paseo elevado, que ahora estaban arreglando pero que no nos impidió ver de lejos el Nippon Maru, un barco precioso construido en 1930 para servir de buque escuela a los marinos mercantes japoneses (Xavier me explica que los marinos mercantes son los marinos civiles) y que fue reemplazado en 1984 por otro barco que a mis ojos se ve igual en las fotos. Este Nippon Maru es un museo, aunque justo cuando nosotros pasamos por allí estaba cerrado.

Desde el mismo barco es posible caminar hasta la cercana entrada a la Landmark Tower y tomar los ascensores más rápidos de Japón hasta el mirador o seguir de largo hasta el Queen's Square, un centro comercial enorme, con unos pasillos increíblemente inmensos de altos y una pinta cuica (este es un diccionario: ver definición 3) que no se la puede (eso fue algo sorprendente: los centros comerciales en Japón, al menos todos los que vi en Tokyo y Tsukuba, tienen el mismo aire de querer aparentar ser elegantes y sofisticados, que tienen los de Chile. En España y los otros países que conozco no se pretende vender además sofisticación y estatus a través de la ropa y las tiendas son mucho más desordenadas y normales).
Después de eso, caminando por un montón de rascacielos muy bonitos, llegamos al Museo Mitsubishi Minato Mirai. Estuvo super entretenido, aunque al principio no lo pareciera. El museo está lleno de juegos y de cosas que se pueden manosear, así que es fácil distraerse. En el primer piso hay una exhibición de transporte, el océano y el espacio, con experimentos divertidos y un montón más de texto en japonés que en castellano. El segundo piso estaba casi destinado a las energías verdes, con una mesa preciosa en la que podía reproducirse una reacción nuclear en cadena aumentando la temperatura y las reacciones, solo moviendo pelotitas. También había un simulador de auto, en el que Xavier se subió y en el que tenía que contestar unas preguntas respecto de los autos eléctricos.

También había otras cosas cachirulas en este piso, como un simulador de helicóptero, en el que nos subimos con Xavier al mando. Primero tuvimos que pasar por un "curso", ver un video en el que nos enseñaban a elevar el helicóptero, cómo girar y cómo volver a aterrizar. Una vez que terminamos, nos subimos al simulador y nos dejaron encerrados después de comprobar que teníamos puesto el cinturón (si el simulador detectaba que no lo teníamos, se detenía). Xavier no tuvo grandes problemas para manejar el aparato, sorprendentemente realista en su forma de moverse. Probablemente si la pantalla hubiera sido más real, nos hubiera dado un mareo horrible en los primeros momentos, cuando estaba tratando de elevarse. Al final igual fuimos descalificados porque Xavier aterrizó fuera del área designada, pero al menos lo hicimos de una pieza y no nos estrellamos.

Pero lo que me gustó más fue una "fábrica virtual" que no pudimos fotografiar porque transcurre en una habitación oscura, con lentes 3D. En una especie de cine pero con dos mesas, nos dieron unos mouses redondos, como unos discos, que se apretaban como si fueran un botón sobre una mesa que reconocía su movimiento. Debíamos completar unos diagramas de un tren con las piezas que correspondían, "pinchándolas" con este mouse-disco y arrastrándolas hasta la parte del esquema donde creíamos que iban. Eramos 4 equipos y se nos dió a armar diferentes piezas de un tren a vapor, las ruedas, el motor, etc. Fue super cachirulo, aunque me di cuenta que no puedo usar mucho las cosas 3D a una distancia muy cercana. Mis ojos tienen problemas bastante graves de foco, bueno, eso es porque soy piti nomás, pero soy terriblemente consciente de que no puedo enfocar con los dos ojos a la misma distancia y me molesta. No puedo ver tv a tres metros de distancia sin lentes por eso. Ahora me pasó lo mismo y la visión 3D casi me mató la cabeza, fui incapaz de unificar la imagen como una visión tridimensional. Todo el tiempo vi dos imágenes, una por cada ojo, a pesar de que usé los lentes 3D sobre mis propios lentes.
Había también un programa de diseño de aviones, pero a mí me dió lata usarlo y parece que Xavier no estaba muy interesado tampoco. En realidad creo que nunca hemos podido hacer todo lo que habíamos pensado inicialmente.
Del museo salimos hacia el Océano Pacífico.

Fue una cosa emocionante ver que estábamos al otro lado de nuestro mismo mar. Es cierto que no estamos en el mismo hemisferio, pero no se puede ir más al este sin toparse con el mismo continente del que uno salió. Obviando las islas, ya di una vuelta completa en tierra. Por desgracia habíamos olvidado lo terriblemente frío que es el Pacífico y por lo tanto estábamos entumidos, corría un viento horroroso.
Ya muertos de hambre fuimos a buscar comida a Chinatown, el más grande de Asia (salvo la mismísima China, jejeje). El origen de este lugar viene de las restricciones que se ponían a los extranjeros para escoger dónde vivir después de la apertura de Japón obligado por Perry. Si bien el gran terremoto de Kanto de 1923 y la guerra entre China y Japón de 1937 detuvieron momentáneamente el crecimiento de Chinatown, en 1955 Chinatown fue oficialmente reconocido como Yokohama Chukagai (Yokohama Chinatown) y se construyó una puerta "de buena voluntad". Ahora mismo Chinatown tiene un montón de puertas y casi desde donde uno venga se cruzará con una.

Esta es la puerta de la buena voluntad (Goodwill Gate) de noche, cuando volvíamos. Tenemos una foto de día también.
Ya dije que la comida es más o menos fácil de identificar, o hay figuras de plástico o hay fotos, así que basta con saberse el ritual en que preguntan cuántos somos y si fumamos. Listo eso, miramos las fotos y escogimos un menú de ¥900 cada uno, diferentes para poder comer lo más posible. Y además pedimos unos arrollados primavera, afortunadamente llamados "spring rolls" (lo mismo en inglés). Esto es lo que obtuvimos:

Es la cena más deliciosa de mi vida, incluso a pesar de que la carne no era carne, sino hígado, según Xavier (y yo ni me enteré). No tuve problema alguno con los palitos, aunque los arrolladitos los comí con la mano, que para eso soy gayjin y puedo hacer lo que quiera.
En el camino de vuelta nos encontramos con un templo precioso (el enlace lleva a la primera foto del templo), pero del que no sé nada, ni el nombre, que tenía unos dragones increíbles en los pilares, en las esquinas, los muros, uf, una cosa maravillosa. Además tenía linternas rojas con tanta buena suerte que como estaba super oscuro ese día, las alcanzamos a ver prendidas en el atardecer.
Después y casi rodando nos fuimos al mar otra vez, adonde Xavier quería mirar al Hikawa Maru, un crucero que hacía viajes desde Japón a Seattle y Vancouver entre 1930 y 1960, y también fue hospital durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora mismo estaba cerrado al público.

Y ya después de esto nos fuimos a meter a nuestra cajita de fósforos que teníamos por habitación, una miniatura de 1.5 por 2 m2, donde yo cabía exactamente atravesada y Xavier exactamente a lo largo, considerando el espacio para dejar los zapatos (porque la mini-pieza estaba cubierta de tatamis y tenía un pequeño escalón para dejar los zapatos). A pesar del tamaño, los futones que nos dieron estaban muy confortables, aunque a la hora de armarlos descubrimos que no cabían, que teníamos que doblarlos o superponerlos. Así que decidimos armar una sola gran cama-futón, dejando unos pequeñitos espacios a ambos lados donde el futón no alcanzaba a llegar. Teníamos aire acondicionado así que frío no íbamos a pasar y aunque el baño era compartido y se oía todo el ruido, estábamos tan cansados que no nos importó nada y dormimos como una piedra. Como ya se habrán imaginado, el alojamiento era muy barato y no estaba muy lejos de lo interesante.

¡Y eso fue todo por hoy!
Un poquito de información histórica antes de comenzar: Yokohama es la capital de la prefectura de Kanagawa, con una población de 3.6 millones de personas. Se le considera la segunda mayor ciudad de Japón después de Tokyo. Originalmente Yokohama era un pequeño pueblo pesquero, pero en 1853 (¡ups! había metido la pata en 100 años, gracias por corregirme, Xavier) el comodoro gringo Matthew Perry llegó al sur de Yokohama con una armada de barcos de guerra y exigió al Shogunato Tokugawa que Japón se abriera al comercio con Usa (creo que desde que llegaron como colonos, estos desgraciados han hecho todo por la fuerza). Entonces en 1959 se estableció allí el puerto principal de Japón y Yokohama se transformó en el lugar de la interacción con los extranjeros, que vivían en una zona aislada de la ciudad.
Ahora sí, ¡empecemos! Antes de salir de San Sebastián habíamos planeado nuestro viaje y leyendo las muchas recomendaciones que hay en internet, compramos un par de Japan Rail Pass (Wikipedia en inglés) de 15 días, de ahora en adelante JRP. Fue una tremenda inversión, 826€ (incluido el envío, unos 12€) por los dos pases. El primer fin de semana que fuimos a Tokyo, cuando fuimos a Mitaka, cambiamos nuestra Exchange Order por nuestros pases, habilitándolos desde el 12 hasta el 25 de marzo (son obligatoriamente 15 días continuados). Hoy fue por lo tanto nuestro primer uso del pase.
Para salir desde Tsukuba generalmente es más eficiente usar el Tsukuba Express (de ahora en adelante TX) , cuyo servicio rápido lleva a la estación de Akihabara en 45 minutos. El problema es el JRP no es válido en él. Sin embargo, nosotros como dueños de un JRP podíamos usar un bus de la línea JR Kanto, que nos deja en la estación de Ueno, con una duración de viaje de una hora y media. Quizás alguno de mis lectores dirá "¡pero si eso es muchísimo, es el doble!", pero en realidad yo estoy acostumbrada a viajar ese tiempo porque es la mismo que demoraba en ir de la casa de mi mamá a la Universidad y por otro lado, el camino en bus era mucho mejor que el del TX, que tiene unas paredes de concreto a ambos lados que no dejan ver mucho (hay unas poquitas fotos del viaje en la galería). Por otro lado, para ir al TX hay que caminar unos 25 minutos de acá hasta la estación, mientras que el bus tiene una parada relativamente cerca, a unos 15 minutos de la residencia (¡y que se agradecen cuando venimos de vuelta!).
Así las cosas, llegar desde Ueno a Yokohama demora una buena media hora, cambiando en Tokyo a la línea JR Tōkaidō. No es mucho. Al salir de la estación, a mano derecha hay una oficina de información turística donde se puede conseguir un mapa. Más allá de la oficina se ve el inmenso rascacielos de Landmark Tower, en cuyo piso 69 hay un mirador, por el que hay que pagar ¥1000. Nosotros somos turistas de bolsillo pobre y en realidad no valía mucho la pena pagar por vistas de día, las de noche son las más impresionantes y para eso teníamos reservado ir al Tocho, al edificio del Gobierno Metropolitano de Tokyo, unos días más tarde, así que nos saltamos esta visita.
Desde la misma salida de la estación se ven unas escaleras mecánicas que llevan a un bonito paseo elevado, que ahora estaban arreglando pero que no nos impidió ver de lejos el Nippon Maru, un barco precioso construido en 1930 para servir de buque escuela a los marinos mercantes japoneses (Xavier me explica que los marinos mercantes son los marinos civiles) y que fue reemplazado en 1984 por otro barco que a mis ojos se ve igual en las fotos. Este Nippon Maru es un museo, aunque justo cuando nosotros pasamos por allí estaba cerrado.

Desde el mismo barco es posible caminar hasta la cercana entrada a la Landmark Tower y tomar los ascensores más rápidos de Japón hasta el mirador o seguir de largo hasta el Queen's Square, un centro comercial enorme, con unos pasillos increíblemente inmensos de altos y una pinta cuica (este es un diccionario: ver definición 3) que no se la puede (eso fue algo sorprendente: los centros comerciales en Japón, al menos todos los que vi en Tokyo y Tsukuba, tienen el mismo aire de querer aparentar ser elegantes y sofisticados, que tienen los de Chile. En España y los otros países que conozco no se pretende vender además sofisticación y estatus a través de la ropa y las tiendas son mucho más desordenadas y normales).
Después de eso, caminando por un montón de rascacielos muy bonitos, llegamos al Museo Mitsubishi Minato Mirai. Estuvo super entretenido, aunque al principio no lo pareciera. El museo está lleno de juegos y de cosas que se pueden manosear, así que es fácil distraerse. En el primer piso hay una exhibición de transporte, el océano y el espacio, con experimentos divertidos y un montón más de texto en japonés que en castellano. El segundo piso estaba casi destinado a las energías verdes, con una mesa preciosa en la que podía reproducirse una reacción nuclear en cadena aumentando la temperatura y las reacciones, solo moviendo pelotitas. También había un simulador de auto, en el que Xavier se subió y en el que tenía que contestar unas preguntas respecto de los autos eléctricos.

También había otras cosas cachirulas en este piso, como un simulador de helicóptero, en el que nos subimos con Xavier al mando. Primero tuvimos que pasar por un "curso", ver un video en el que nos enseñaban a elevar el helicóptero, cómo girar y cómo volver a aterrizar. Una vez que terminamos, nos subimos al simulador y nos dejaron encerrados después de comprobar que teníamos puesto el cinturón (si el simulador detectaba que no lo teníamos, se detenía). Xavier no tuvo grandes problemas para manejar el aparato, sorprendentemente realista en su forma de moverse. Probablemente si la pantalla hubiera sido más real, nos hubiera dado un mareo horrible en los primeros momentos, cuando estaba tratando de elevarse. Al final igual fuimos descalificados porque Xavier aterrizó fuera del área designada, pero al menos lo hicimos de una pieza y no nos estrellamos.

Pero lo que me gustó más fue una "fábrica virtual" que no pudimos fotografiar porque transcurre en una habitación oscura, con lentes 3D. En una especie de cine pero con dos mesas, nos dieron unos mouses redondos, como unos discos, que se apretaban como si fueran un botón sobre una mesa que reconocía su movimiento. Debíamos completar unos diagramas de un tren con las piezas que correspondían, "pinchándolas" con este mouse-disco y arrastrándolas hasta la parte del esquema donde creíamos que iban. Eramos 4 equipos y se nos dió a armar diferentes piezas de un tren a vapor, las ruedas, el motor, etc. Fue super cachirulo, aunque me di cuenta que no puedo usar mucho las cosas 3D a una distancia muy cercana. Mis ojos tienen problemas bastante graves de foco, bueno, eso es porque soy piti nomás, pero soy terriblemente consciente de que no puedo enfocar con los dos ojos a la misma distancia y me molesta. No puedo ver tv a tres metros de distancia sin lentes por eso. Ahora me pasó lo mismo y la visión 3D casi me mató la cabeza, fui incapaz de unificar la imagen como una visión tridimensional. Todo el tiempo vi dos imágenes, una por cada ojo, a pesar de que usé los lentes 3D sobre mis propios lentes.
Había también un programa de diseño de aviones, pero a mí me dió lata usarlo y parece que Xavier no estaba muy interesado tampoco. En realidad creo que nunca hemos podido hacer todo lo que habíamos pensado inicialmente.
Del museo salimos hacia el Océano Pacífico.

Fue una cosa emocionante ver que estábamos al otro lado de nuestro mismo mar. Es cierto que no estamos en el mismo hemisferio, pero no se puede ir más al este sin toparse con el mismo continente del que uno salió. Obviando las islas, ya di una vuelta completa en tierra. Por desgracia habíamos olvidado lo terriblemente frío que es el Pacífico y por lo tanto estábamos entumidos, corría un viento horroroso.
Ya muertos de hambre fuimos a buscar comida a Chinatown, el más grande de Asia (salvo la mismísima China, jejeje). El origen de este lugar viene de las restricciones que se ponían a los extranjeros para escoger dónde vivir después de la apertura de Japón obligado por Perry. Si bien el gran terremoto de Kanto de 1923 y la guerra entre China y Japón de 1937 detuvieron momentáneamente el crecimiento de Chinatown, en 1955 Chinatown fue oficialmente reconocido como Yokohama Chukagai (Yokohama Chinatown) y se construyó una puerta "de buena voluntad". Ahora mismo Chinatown tiene un montón de puertas y casi desde donde uno venga se cruzará con una.

Esta es la puerta de la buena voluntad (Goodwill Gate) de noche, cuando volvíamos. Tenemos una foto de día también.
Ya dije que la comida es más o menos fácil de identificar, o hay figuras de plástico o hay fotos, así que basta con saberse el ritual en que preguntan cuántos somos y si fumamos. Listo eso, miramos las fotos y escogimos un menú de ¥900 cada uno, diferentes para poder comer lo más posible. Y además pedimos unos arrollados primavera, afortunadamente llamados "spring rolls" (lo mismo en inglés). Esto es lo que obtuvimos:

Es la cena más deliciosa de mi vida, incluso a pesar de que la carne no era carne, sino hígado, según Xavier (y yo ni me enteré). No tuve problema alguno con los palitos, aunque los arrolladitos los comí con la mano, que para eso soy gayjin y puedo hacer lo que quiera.
En el camino de vuelta nos encontramos con un templo precioso (el enlace lleva a la primera foto del templo), pero del que no sé nada, ni el nombre, que tenía unos dragones increíbles en los pilares, en las esquinas, los muros, uf, una cosa maravillosa. Además tenía linternas rojas con tanta buena suerte que como estaba super oscuro ese día, las alcanzamos a ver prendidas en el atardecer.
Después y casi rodando nos fuimos al mar otra vez, adonde Xavier quería mirar al Hikawa Maru, un crucero que hacía viajes desde Japón a Seattle y Vancouver entre 1930 y 1960, y también fue hospital durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora mismo estaba cerrado al público.

Y ya después de esto nos fuimos a meter a nuestra cajita de fósforos que teníamos por habitación, una miniatura de 1.5 por 2 m2, donde yo cabía exactamente atravesada y Xavier exactamente a lo largo, considerando el espacio para dejar los zapatos (porque la mini-pieza estaba cubierta de tatamis y tenía un pequeño escalón para dejar los zapatos). A pesar del tamaño, los futones que nos dieron estaban muy confortables, aunque a la hora de armarlos descubrimos que no cabían, que teníamos que doblarlos o superponerlos. Así que decidimos armar una sola gran cama-futón, dejando unos pequeñitos espacios a ambos lados donde el futón no alcanzaba a llegar. Teníamos aire acondicionado así que frío no íbamos a pasar y aunque el baño era compartido y se oía todo el ruido, estábamos tan cansados que no nos importó nada y dormimos como una piedra. Como ya se habrán imaginado, el alojamiento era muy barato y no estaba muy lejos de lo interesante.

¡Y eso fue todo por hoy!

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