Hoy fuimos a visitar la mina de Arditurri, en Oiartzun. Es un yacimiento minero que ha sido explotado desde la época romana (la Edad del Hierro, no dieron fechas muy precisas) hasta 1984 en que fue cerrado definitivamente.
Llegar a la mina es relativamente rápido y sencillo desde SanSe. Es necesario seguir las indicaciones hasta Oiartzun y luego guiarse por los letreros de Arditurri. En menos de una media hora uno se encuentra en la carretera pequeña que lleva a la mina (esta vez hemos ido en auto). El camino es bueno, aunque luego de tomar el desvío hacia la mina, es muy angosto. El auto debe quedar en un estacionamiento a 300 metros de Centro de Interpretación, el edificio de venta de entradas, en un valle muy bonito y verde. La mina tiene visitas guiadas en varios horarios, pero solo son en castellano la de las 11:00 y las 16:00. La visita guiada vale 4€ para los adultos y no hay precio de estudiantes. La mina está cerrada entre las 2 y las 4 (en el verano, para los horarios en invierno se debe consultar la página web).

La mina fue explotada en la antigüedad por los romanos que buscaban plata. El trabajo de minería se hacía a mano, como todos se imaginan y por esa razón la mina no es muy profunda, aunque los romanos diseñaron un sistema de desvío de aguas del río, que aún hoy evita que la mina se inunde completamente de agua (cuatro de los niveles más modernos ahora están inundados: antes se mantenían secos usando bombas, pero una vez abandonada la mina el agua recupera su espacio). Una de las cosas que nos explicaron fue que podía saberse qué galerías habían sido causadas por los romanos debido a la suavidad y forma de las paredes. Como el trabajo se hacía a mano, las paredes eran "talladas" de forma suave y cóncava, mientras que las explosiones actuales dejan las paredes con bordes filosos y duros. El material obtenido por los romanos era repartido por barco a los diferentes otros puertos del imperio.

Durante la Edad Media se extrajo hierro de la mina y se fundaron numerosas ferrerías en el valle de Oiartzun. Estas ferrerías ahora son el origen de los caseríos que se pueden ver en el precioso valle, aunque no se han conservado los edificios. Luego de eso una familia del lugar explotó la mina buscando plata y plomo, para luego ceder su lugar a la Compañía Guipuzcoana de Minas, quienes descubrieron y destruyeron las galerías romanas. Hubo otro traspaso de propiedades a una compañía minera de Bilbao, quienes extrajeron hierro y construyeron un tren que conectaba Arditurri con el puerto de Pasaia. Hoy ese camino es un sendero para personas y ciclistas, uno de los muy bonitos caminos que se pueden hacer a pata en estos lados. En 1984 la mina se cerró para la explotación y nuestro guía dijo que era a causa de una mina de zinc en Sudamérica, cuyos costes de explotación eran mucho menores. En junio de este año la mina se abrió para el público, después de haber sido arreglada para recibirnos sanos y salvos.

Hasta aquí los hechos históricos y de llegada. Al entrar nos hacen ponernos un gorro de esos de cubrir el pelo y encima un casco blanco. La mina es perfectamente segura pero vamos todos con protección. Hay cascos especiales para los niños pequeños. En el interior de la mina hace un poco de frío (unos 15 grados) y es recomendable llevar abrigo y algo a prueba de agua. La sensación no es claustrofóbica, probablemente porque está muy oscuro. Pero en caso de que algo salga mal, es posible devolverse por el camino sin perderse y salir, porque no da vueltas ni nada. La mina es preciosa, está iluminada adecuadamente para que veamos lo interesante, las inmensas cuevas excavadas, los agujeros para recoger el material, la pequeña galería romana, etc. El camino no es muy largo aunque hay un segundo nivel que se pretende habilitar cuando los arqueólogos hayan terminado.
Lo único que me faltó fue un poco de "merchandising", como postales de las galerías. La iluminación no es suficientemente buena como para tomar fotos buenas con la cámara y el flash arruina precisamente la penumbra, iluminando las paredes más cercanas. Pero es un museo nuevo y todavía queda mucho por hacer. Bien vale la pena el paseo.
Llegar a la mina es relativamente rápido y sencillo desde SanSe. Es necesario seguir las indicaciones hasta Oiartzun y luego guiarse por los letreros de Arditurri. En menos de una media hora uno se encuentra en la carretera pequeña que lleva a la mina (esta vez hemos ido en auto). El camino es bueno, aunque luego de tomar el desvío hacia la mina, es muy angosto. El auto debe quedar en un estacionamiento a 300 metros de Centro de Interpretación, el edificio de venta de entradas, en un valle muy bonito y verde. La mina tiene visitas guiadas en varios horarios, pero solo son en castellano la de las 11:00 y las 16:00. La visita guiada vale 4€ para los adultos y no hay precio de estudiantes. La mina está cerrada entre las 2 y las 4 (en el verano, para los horarios en invierno se debe consultar la página web).

Xavier en la entrada, cerca del Centro de Interpretación.
La mina fue explotada en la antigüedad por los romanos que buscaban plata. El trabajo de minería se hacía a mano, como todos se imaginan y por esa razón la mina no es muy profunda, aunque los romanos diseñaron un sistema de desvío de aguas del río, que aún hoy evita que la mina se inunde completamente de agua (cuatro de los niveles más modernos ahora están inundados: antes se mantenían secos usando bombas, pero una vez abandonada la mina el agua recupera su espacio). Una de las cosas que nos explicaron fue que podía saberse qué galerías habían sido causadas por los romanos debido a la suavidad y forma de las paredes. Como el trabajo se hacía a mano, las paredes eran "talladas" de forma suave y cóncava, mientras que las explosiones actuales dejan las paredes con bordes filosos y duros. El material obtenido por los romanos era repartido por barco a los diferentes otros puertos del imperio.

Vista de una de las galerías, con los niveles inferiores inundados.
Durante la Edad Media se extrajo hierro de la mina y se fundaron numerosas ferrerías en el valle de Oiartzun. Estas ferrerías ahora son el origen de los caseríos que se pueden ver en el precioso valle, aunque no se han conservado los edificios. Luego de eso una familia del lugar explotó la mina buscando plata y plomo, para luego ceder su lugar a la Compañía Guipuzcoana de Minas, quienes descubrieron y destruyeron las galerías romanas. Hubo otro traspaso de propiedades a una compañía minera de Bilbao, quienes extrajeron hierro y construyeron un tren que conectaba Arditurri con el puerto de Pasaia. Hoy ese camino es un sendero para personas y ciclistas, uno de los muy bonitos caminos que se pueden hacer a pata en estos lados. En 1984 la mina se cerró para la explotación y nuestro guía dijo que era a causa de una mina de zinc en Sudamérica, cuyos costes de explotación eran mucho menores. En junio de este año la mina se abrió para el público, después de haber sido arreglada para recibirnos sanos y salvos.

Camino iluminado para nosotros.
Hasta aquí los hechos históricos y de llegada. Al entrar nos hacen ponernos un gorro de esos de cubrir el pelo y encima un casco blanco. La mina es perfectamente segura pero vamos todos con protección. Hay cascos especiales para los niños pequeños. En el interior de la mina hace un poco de frío (unos 15 grados) y es recomendable llevar abrigo y algo a prueba de agua. La sensación no es claustrofóbica, probablemente porque está muy oscuro. Pero en caso de que algo salga mal, es posible devolverse por el camino sin perderse y salir, porque no da vueltas ni nada. La mina es preciosa, está iluminada adecuadamente para que veamos lo interesante, las inmensas cuevas excavadas, los agujeros para recoger el material, la pequeña galería romana, etc. El camino no es muy largo aunque hay un segundo nivel que se pretende habilitar cuando los arqueólogos hayan terminado.
Lo único que me faltó fue un poco de "merchandising", como postales de las galerías. La iluminación no es suficientemente buena como para tomar fotos buenas con la cámara y el flash arruina precisamente la penumbra, iluminando las paredes más cercanas. Pero es un museo nuevo y todavía queda mucho por hacer. Bien vale la pena el paseo.

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