14 marzo 2009

Kamakura

Kamakura es una pequeñita ciudad situada en la prefectura de Kanagawa, al suroeste de Tokyo. Llegar desde Yokohama demora aproximadamente media hora usando la línea JR Yokosuka (Wikipedia en inglés). Según Hyperdia este viaje cuesta ¥330, aunque nosotros ya éramos los felices poseedores de un Japan Rail Pass (JRP).

Como espero sea costumbre para ustedes, acá va el mapa en Google Maps:


Ver Kamakura en un mapa más grande

En estricto rigor nosotros nos bajamos en la estación Kita-Kamakura (Wikipedia en inglés), más cercana a los templos que pensábamos visitar.

Nuestra primera parada fue el templo Engaku-ji, considerado el segundo de los templos budistas más importantes de Japón, fundado en el 1282 por un monje budista chino, para honrar a los soldados que habían luchado contra los mongoles el año anterior. Creo que aquí comprendimos que cuando dicen "templo" o "santuario", los japoneses nunca se refieren a un edificio aislado, sino a un complejo. Al final uno se cansa un poco de mirar todos los edificios, porque hasta donde alcanzan los pies y los ojos hay cosas preciosas que mirar. Y siempre falta algo.

Entrada a Engaku-ji
Más allá de la entrada, pagando ¥300 (según la Wikipedia, mi guía está guardada en el librero en el otro extremo de la casa y me da flojera ir a buscarla para comprobar) nos esperaba la magnífica puerta Sanmon, reconstruida alrededor de 1780. El interior de la puerta tenía mi tamaño exacto: yo podía pararme en su interior sin tener que agachar la cabeza en los enormes pilares, mientras que Xavier ya no. Creo que aquí tengo que disculparme por las fotos. Pero es que llovía tanto al principio, que no teníamos forma de sacar fotos decentes. Hay otra foto de la puerta Sanmon aquí.

puerta Sanmon
Directamente tras la puerta Sanmon está el Hall Principal o Butsuden, reconstruido en 1964 después de que el terremoto de Kanto (1923) destruyera el original, que data (según lo que yo entendí) de 1573.

Butsuden
Esta vez tomamos una foto del interior, aunque mi conciencia me dice que no debíamos. La estatua de Shaka Nyorai o Sakyamuni, el Budda Iluminado, mide alrededor de 3 metros de altura, pero no pudimos acercarnos a verla con atención puesto que el acceso al interior estaba vedado a los turistas. La estatua fue fabricada a finales del período Kamakura (1185/92-1333) y el dragón del techo fue pintado entre finales del 1800 y 1970 (pongo los años de nacimiento y muerte del pintor, no sé más datos).

Butsuden - interior
A la izquierda del Butsuden hay un pequeño edificio, el Sembutsudo Hall, destinado a ser un depósito de sutras además de un lugar de meditación.

En medio de toda esta maraña de edificios que no tenían nombre, subimos una larga escalera para visitar un Tesoro Nacional de Japón, la Gran Campana Ōgane (大鐘), de 2.5 metros de altura y fabricada en 1301. Esta campana es la más grande de Kamakura. Realmente es una cosa digna de verse, porque está en lo más alto de la colina donde está Engaku-ji y su sonido debe ser bastante poderoso. Por desgracia (o por suerte) la campana está amarrada y no se la puede tocar.

Campana
Desde donde está la campana es posible tener unas muy verdes y bonitas vistas del valle alrededor de Kita-Kamakura. Pero nosotros ya estábamos muy mojados. Hay unas fotos en la galería, aquí y aquí.

Un poco más arriba nos esperaba una puerta Karamon, también llamada Chokushimon. El nombre Karamon se refiere a la forma curva, aunque Kara significa China. Al otro lado hay un edificio llamado Kojirin, dedicado al estudio y meditación Zen, abierto al público. Precisamente porque había mucho movimiento de gente alrededor de este edificio, nosotros nos fuimos a molestar con nuestra cámara a otro lado.

Kojirin
Un poco más allá y a la izquierda según nuestra caminata nos encontramos con un precioso estanque, llamada Myoko-chi (chi significa estanque), diseñada por el sacerdote fundador, Muso, que además era un famoso diseñador de jardines (hay uno suyo famoso en Kyoto). Se dice que uno de los edificios que se ven arriba del estanque es la residencia del sacerdote jefe del templo.


Llegados a este punto, nos empezamos a devolver. No llegábamos al final y el famoso Shari-den, edificio construido en el siglo 16 y que se supone contiene un diente de Budda, probablemente estaría cerrado (solo abre pocas veces para los turistas).

Así que nos devolvimos a la estación Kita-Kamakura y nos fuimos a la estación Kamakura, donde tomamos la línea Enasen, bajándonos en la estación Hase. Y aquí se da la oportunidad de decir una cosa de Japón: todo está en alfabeto latino. Si uno tiene idea de cómo se llama el lugar adonde va, difícilmente tendrá problemas en los lugares turísticos. Puede que el inglés de los japoneses sea un dialecto de su invención y no el idioma que habla la Reina Isabel, pero "el inglés" de los letreros es claro y comprensible (por si anda algún pajarraco por allí que cree que estoy usando el alfabeto inglés -yo conozco uno y me dan ganas de patearlo en las canillas por esto-, sería bueno que supiera que los ingleses no inventaron estas letras).

Estación de Hase
El templo Kotokuin no está muy lejos de la estación Hase, serán como mucho 10 minutos de caminata. Al llegar nos encontramos con una puerta Niomon, guardada por dos dioses Nio, uno con la boca abierta y el otro cerrada. Esto se interpreta como que el primero está pronunciando "ah", 阿, "el principio" y el otro "un", 阿, "el final". Esto significa el principio y final de todas las cosas y veremos en otras puertas esta misma "simbología". Así los dioses evitan que entre la maldad al templo.

Puerta Niomon del templo Kotokuin
Cuando uno va sin idea de qué significa grande, en realidad no se da cuenta de que Gran Budda de Kamakura significa en realidad el Inmenso Budda de Kamakura. Quizás lo que hace más grande la impresión es que la sala principal del templo Kotokuin, dentro del cual estaba la estatua, ya no existe, se la llevó un tsunami al final del siglo 15. Es posible entrar a la estatua (previo pago de ¥20), como quien dice a las tripas de Budda, para ver las restauraciones que se le hicieron, agregando un refuerzo en el cuello y un dispositivo en la base que absorba los temblores (aquí puede verse el refuerzo).

El Budda representado es Amida Budda, a quien hemos visto y veremos en otros templos, a veces llamado el Budda de la luz. La estatua mide 13 metros de alto, pesa 120 toneladas y solo la cara mide 2.5 metros. Una cosa muy bonita es que tiene unas especie de alitas en la espalda, unas ventanas por las que entra luz. Me imagino que eso es para eliminar la tremenda humedad que había dentro de Budda.

Budda""
Una cosa que me gustó mucho fueron las sandalias de Budda. Leí en una página llena de información histórica de Kamakura (y que me ayudó un montón a escribir esta guía, especialmente a la hora de identificar cada edificio) que las sandalias eran un regalo de una escuela de la prefectura de Ibaraki (donde está Tsukuba) en agradecimiento por una buena cosecha. La parte bonita es que los niños dijeron que se sentirían muy felices si Budda decidía usar esas sandalias cuando diera un paseo después de estar cansado por llevar más de 700 años sentado allí. Eso me recuerda que no he dicho que los niños son muy familiares y cariñosos al hablar de Budda, al que suelen llamar Amida-san (yo los oí con mis propias orejitas en varios templos).

Este templo está bastante vacío, así que no hay mucho que ver. Sin embargo, detrás del Gran Budda hay un bonito templo llamado Kangetsudo Hall.

Kangetsudo Hall
Una vez listos, nos devolvemos a la estación Hase, pero un poco antes de llegar a ella doblamos para ir al templo Hase (Hasedera). Este templo me sorprendió por los preciosos jardines (hay fotos aquí, aquí, aquí y aquí). Los anteriores templos eran muy verdes y bonitos, pero los jardines eran mucho menos "deslumbrantes". En Hasedera hay muchas fuentes, cascadas y flores. Se dice que Hasedera fue fundado en el 736, pero parece que no hay certeza en realidad.

Los preciosos jardines de Hasedera
Como ya pasó antes, Hasedera es un complejo de edificios. Al entrar y pasar los bonitos estanques llenos de carpas, podemos ver un pequeño hall dedicado a Benten (or Benzaiten), una diosa Shinto de la belleza femenina y la salud (también leo por allí que es diosa de las artes y el agua. Al final parece que todos los dioses son pluriempleados). Más adelante hay una cueva llamada Bentenkutsu, con estatuas de Benten. Cuando nosotros pasamos estaban haciendo restauraciones sobre las estatuas así que salvo la imagen que ya enlacé, todas las demás salieron bastante malas.

Un poco más arriba, en una terraza, está lo que más tristeza me dió de este viaje, el templo dedicado a Jizo, protector de los niños. Alrededor de este pequeño templo hay muchas pequeñas estatuas de Jizo, dedicadas a las almas de los niños nacidos muertos o abortados. Los papás de estos bebés ruegan para que Jizo cuide de sus almas en el más allá. Realmente lo más triste no son las estatuas, sino el hecho de que algunas están vestidas con baberos o gorritos tejidos, o incluso que hay juguetes en el interior del templo. Se calcula que unas 50.000 estatuas han sido ofrecidas desde después de la guerra pero solo vimos unas 1000. Cada año esas estatuas son enterradas para hacer espacio a más estatuas que se venden en los terrenos del templo.

Jizo
Tal como subimos, primero veremos el Amida-do Hall, donde hay una estatua de 2.8 metros de Amida Nyorai (Budda), que fue trasladada en 1688 a su actual ubicación. La foto que enlacé es una foto mal sacada del Hall, al que no debíamos fotografiar (lo sentimos, otra maldad más).

Luego viene lo más importante dentro de Hasedera: una inmensa imagen de Kannon, diosa de la misericordia, cuya foto no podemos mostrarles (vamos a preguntar a Google Images si tiene una... sí, gracias a los dioses. El sitio oficial del templo, www.hasedera.jp tiene una foto a nuestra disposición, que aunque no le hace ni la más mínima justicia - pues la imagen mide más de 9 metros- al menos les permite ver qué es lo que vimos). En la foto no se alcanza a ver bien, pero Kannon tiene 11 caras, con las que Kannon pone atención a todos nosotros y nuestros males. Si nosotros ya habíamos quedado estupefactos con el Gran Budda, es que Kannon fue una cosa increíble, a pesar de ser más pequeña. Creo que las caras y el precioso halo detrás (restaurado en 1991) aumentaron mi sensación de ser pequeña e insignificante.

Un poco más allá y también no fotografiable (aunque vale la pena ir a la página del templo, www.hasedera.jp, aunque esté en inglés: tienen buenas fotos) hay un pequeño hall con una imagen de Daikokuten, uno de los 7 Dioses de la Fortuna (¿recuerdan el viaje a Akihabara? El templo Kanda-myōjin está dedicado a Daikokuten), el dios de la abundancia (específicamente en la cosecha), la cocina (la habitación), entre otras cosas.

Otro poco más allá vimos una cosa que en ese momento no entendimos. Este armado de madera se llama rinzo y contiene las sutras importantes para el templo. Se dice que girándolo se adquiere el mismo mérito que leyendo todas las sutras. Por desgracia, nuestra ignorancia nos privó de adquirir el mérito, porque yo me temí que el letrero que había en el rinzo decía "señor turista, no toque".


Un poco más allá había un restaurant con unas muy bonitas vistas del mar, pero nosotros nos fuimos. Caminamos hasta la estación Hase y seguimos un poco más allá hasta llegar al mar.

Cada vez que me acerqué al Pacífico por este lado sentía una emoción fuertísima. No se podía estar más lejos, ni en tiempo ni en distancia, incluso estando al otro lado del mismo mar. Supongo que es más intenso todo porque nunca pensé en salir de Chile, si yo pensaba que solo los ricos podían pagarse un pasaje de avión. Qué ironía, ¿no? Lo triste es que hacía un viento y un frío espantoso así que apenas Xavier bajó al agua y nos fuimos.

El Pacífico
Creo que aquí me quedaré por hoy... me falta un templo y es inmenso también. Seguiré mañana después de un buen tuto.

Kamakura - Segunda Parte

Continuación: Un buen momento de retomar el cuento de ayer es precisamente con la dificultad que tuvimos con el ticket de regreso Hase-Kamakura. Tontamente nosotros compramos todos los tickets en una máquina automática en la estación de Kamakura, olvidando que aunque parezca obvio, el ticket Kamakura-Hase no es igual al Hase-Kamakura, salvo en el precio. Así que el torniquete de entrada no nos dejó pasar. En cada estación suele haber al lado de los torniquetes una ventanilla/puerta manual, indicada como el acceso para los minusválidos pero a menudo usada por los que tienen problemas con sus tickets. Todos los usuarios de los JRP deben usar estas puertas en las estaciones, incluso teniendo un ticket de reserva de asiento. Bueno, el señor que estaba allí nos vió aletear "¿y ahora qué hacemos?" y en un inglés medio Tarzán nos preguntó adónde queríamos ir. Le dijimos Kamakura, miró nuestros pasajes y los metió a una maquinita. Luego nos los devolvió y pudimos pasarlos y entrar al andén.

Muchas veces he leído que los japoneses son cerrados y reglistas: si hay un procedimiento definido para algo, no se le puede cambiar. El "episodio de Hase" me mostró la diferencia entre los que se llaman a sí mismos más flexibles europeos y los amables japoneses. Acá en Europa, el que metió la pata y compró el ticket equivocado, pues se jodió nomás, tiene que comprar otro. Casi nunca hay opciones de corrección (en Japón hay máquinas de corrección de tarifas en todas las estaciones) o menos aún una persona a la que puedas pedir ayuda o preguntar. Nosotros estábamos resignados a pagar otro ticket y el señor amablemente nos cambió el mismo ticket sin que le pidiéramos nada, solo mirando nuestra cara de aturdidos. Puede que estén acostumbrados a la idiotez de los extranjeros, pero cuando uno no entiende nada, no está acostumbrado y un poco perdido, la amabilidad se agradece hasta con lágrimas.

En fin, continúo. Nuestro siguiente destino es el templo de nombre impronunciable Tsurugaoka Hachiman-gū, a menos de un kilómetro de la estación JR Kamakura, en la ciudad misma. Este templo fue construido en 1063 en Zaimokuza, otra área dentro de la zona de Kamakura, aparentemente cercana a la playa, pero fue movido a su actual ubicación en el 1191 (los años en que sucedieron estas cosas me marean, nosotros no tenemos historia registrada tan vieja).

Lo primero que vemos del templo son unas toriis a lo largo de Wakamiya Ōji, la avenida que nos encontramos casi al salir de la estación. Wakamiya Ōji fue construida por Minamoto no Yoritomo, primer shogún (sí, españolitos, SHogún, nada de sogún como está traducido en las novelas de Sano-san) del Shogunato Kamakura. El nombre Wakamiya Ōji significa "avenida del joven Príncipe" y se debe a que en ese momento la esposa de Yoritomo estaba embarazada del futuro shogún Yoriie. La belleza de esta avenida es que por el centro hay un bandejón central con árboles (creo que son cerezos, sakuras), que cruza tres toriis cuyos bonitos nombres son Ichi no Torii, Ni no Torii, San no Torii (literalmente Primera Puerta, Segunda Puerta y Tercera Puerta). Este caminito se llama dankazura. En la foto siguiente puede verse la Ni no Torii, donde comienza el dankazura, acompañado de dos "bichos" que en realidad son un par de perros llamados komainu, que significa "perros koreanos" (pues como todo aficionado a Japón sabe, inu es perro. Por otro lado, Koma es Korea), porque fueron traídos desde allí. Como ya vimos en la puerta Niomon del templo Hasedera, los perros tienen una boca abierta y una cerrada, representando así el principio hasta el final de todas las cosas.

dankazura
Una vez pasada la San no Torii, hay tres puentes, dos planos y uno bastante curvo. El curvo se llama Akabashi (puente rojo), estaba hecho de madera y como su nombre lo dice, era rojo. Estaba destinado sólo al shogún, los plebeyos debíamos usar el otro. Aún ahora el puente curvo está cerrado al tránsito. Este no es el único puente curvo que veríamos y me llama la atención lo empinados que son a veces. Una mujer con un kimono no parece ser demasiado ágil y las sandalias tradicionales no creo que sean muy seguras para subir una cuesta semejante. Quizás a ellas tampoco les estaba permitido subir por aquí, no lo sé.

Akabashi
Al lado del puente Akabashi nos encontramos con una cosa muy japonesa: el fotografiar las flores. Nosotros ya sabíamos de la locura japonesa por las flores rosadas, así que no estábamos muy sorprendidos de verlos arremolinarse bajo un árbol. El problema es que esta vez parecían mucho más interesados en fotografiar el árbol que en sacarse fotos a ellos junto al árbol. La razón resultó ser que se habían juntado dos aficiones muy japonesas: el amor por las flores y por las cosas kawaii o tiernas. En el árbol había un par de ardillas muy patanas que se dejaban fotografiar sin problemas mientras se comían las flores. Eran unas descaradas.

ardillas muy patanas
Los puentes pasan sobre un canal que une dos estanques, llamados Genpei-ike or "estanques Genpei". En uno de estos estanques hay un pequeño templo el Hataage Benzaiten Shrine, dedicado a Benzaiten (la diosa que vimos en el templo Hasedera -ver Kamakura parte uno-). Este templo fue desmantelado en 1868, cuando se produjo la separación entre Sintoísmo y Budismo (dicho así suena muy aséptico, como un evento de la naturaleza, pero en realidad el gobierno de la época quiso hacer del sintoísmo la religión de estado y en medio de la prohibición de tener templos mixtos se demolieron edificios, se perdieron o vendieron estatuas e incluso se inventaron historias para defenderlas que luego armaron el caos al tratar de saber la historia de lo que hay en cada templo) y fue rearmado en 1956.

Hataage Benzaiten Shrine, dedicado a Benzaiten
En el Maiden o Pabellón de la doncella tuvimos oportunidad de ver otro matrimonio. En este pequeño pabellón se suelen presentar conciertos o realizarse los matrimonios. Es muy bonito, pero debe ser una verdadera molestia que tu boda sea un espectáculo de turistas.

Maiden
Un poco más allá del Maiden vimos un gingko que se cree tiene más de 1000 años. Del hall principal no es mucho lo que se puede decir, puesto que no se pueden sacar fotos de los altares. Tenemos algunas fotos de los edificios pero estábamos en el interior de un patio pequeño y no era mucho lo que alcanzaba a caber en la cámara.

Un poco más allá nos encontramos con el Maruyama Inari, santuario dedicado al dios Inari, cuyos mensajeros son los zorros, en japonés kitsune. Hablar de los zorros me demoraría muchísimo, en Japón son una verdadera tribu de animales mágicos con poderes increíbles. Yo destacaría el que son capaces de transformarse en humanos, muchas veces en mujeres jóvenes y que pueden llegar a poseer a una persona. Se dice que el punto de entrada de esa posesión son las uñas, aunque no recuerdo ninguna receta para defenderse. De todos modos, si un zorro rojo quisiera comerse mi alma, no me importaría, aunque no sean el logo de Firefox (con lo que Firefox perdió varios puntos de mi estima). En muchos mangas aparecen zorros como criaturas mágicas y el que se me viene ahora mismo a la cabeza es Love Monster (Wikipedia en inglés), donde hay unos zorritos preciosos que incluso tienen su propia dimensión mágica.


Las muchas toriis parecen ser características de los templos de Inari, pero en verdad no sé por qué. Tomamos una foto de ellas, pero no la pegaré en grande aquí porque más adelante veremos un templo muy impresionante que tiene cientos de esas puertas formando un camino precioso.

En algún lugar del enorme jardín hay un templo que es bastante distinto de los demás, el Shirahata Jinja, dedicado a honrar la memoria de Minamoto no Yoshitsune, hermano del primer shogún de Kamakura, Yoritomo. Los detalles no son importantes en esta historia, pero Yoshitsune parece que fue un samurai muy importante que fue traicionado y asesinado con apenitas 30 años. Creo que lo decapitaron y su cabeza fue enterrada en algún lugar de este templo.


Casi al frente del Shirahata Jinja hay una cosa que si bien no supimos qué era, nos llamó la atención y le sacamos una foto, por suerte. Resulta este terreno vacío o quizás árbol sagrado es el Yui Wakamiya Yōhaijo, que se puede traducir como "Lugar de Rezo a Distancia Yui Wakamiya". Es decir, si uno reza aquí, está rezando en el santuario Yui Wakamiya (también llamado Moto Hachiman, Wikipedia en inglés), sin tener que moverse hasta allí. Obviamente esto fue inventado para beneficio del shogún.


Aunque era temprano, nuestro día en Kamakura terminó aquí. El mapa original incluía unos 11 templos, pero era del todo imposible verlos todos con nuestro apretado calendario. La siguiente etapa de este viaje fue Nikko y contaré cómo nos fuimos porque en estricto rigor, viajamos el mismo día de Kamakura. La forma más sencilla y a prueba de dummies para ir de Kamakura a Nikko es haciendo los tramos Kamakura - Tokyo (en la línea JR Yokosuka, ¥890, 55 minutos), luego Tokyo - Utsunomiya en shinkansen, tren bala (hay varios, demora como una hora y casi ¥2000 asiento sin reservar) y luego Utsunomiya - Nikko (en la línea JR Nikko, 45 minutos y ¥740). Aunque parece horrible, todo está bien señalizado y siempre hay tiempo suficiente para reservar el tren al llegar a Tokyo y comprar una botella de algo caliente y un panecillo en los konbini de la estación. No negaré que llegamos muy cansados, pero lo peor fue caminar casi a oscuras (creo que eso no lo he dicho en las curiosidades niponas) siguiendo unos letreros fantasmas, cuesta arriba, hasta nuestro hotel.

13 marzo 2009

Yokohama

Advertencia: Generalmente los enlaces llevarán a las páginas en japonés. Ya me he dado cuenta que las versiones en inglés no están actualizadas y son bastante más simplonas y feas. Pero muchas veces hay un botón "english" en algún rincón.

Un poquito de información histórica antes de comenzar: Yokohama es la capital de la prefectura de Kanagawa, con una población de 3.6 millones de personas. Se le considera la segunda mayor ciudad de Japón después de Tokyo. Originalmente Yokohama era un pequeño pueblo pesquero, pero en 1853 (¡ups! había metido la pata en 100 años, gracias por corregirme, Xavier) el comodoro gringo Matthew Perry llegó al sur de Yokohama con una armada de barcos de guerra y exigió al Shogunato Tokugawa que Japón se abriera al comercio con Usa (creo que desde que llegaron como colonos, estos desgraciados han hecho todo por la fuerza). Entonces en 1959 se estableció allí el puerto principal de Japón y Yokohama se transformó en el lugar de la interacción con los extranjeros, que vivían en una zona aislada de la ciudad.

Ahora sí, ¡empecemos! Antes de salir de San Sebastián habíamos planeado nuestro viaje y leyendo las muchas recomendaciones que hay en internet, compramos un par de Japan Rail Pass (Wikipedia en inglés) de 15 días, de ahora en adelante JRP. Fue una tremenda inversión, 826€ (incluido el envío, unos 12€) por los dos pases. El primer fin de semana que fuimos a Tokyo, cuando fuimos a Mitaka, cambiamos nuestra Exchange Order por nuestros pases, habilitándolos desde el 12 hasta el 25 de marzo (son obligatoriamente 15 días continuados). Hoy fue por lo tanto nuestro primer uso del pase.

Para salir desde Tsukuba generalmente es más eficiente usar el Tsukuba Express (de ahora en adelante TX) , cuyo servicio rápido lleva a la estación de Akihabara en 45 minutos. El problema es el JRP no es válido en él. Sin embargo, nosotros como dueños de un JRP podíamos usar un bus de la línea JR Kanto, que nos deja en la estación de Ueno, con una duración de viaje de una hora y media. Quizás alguno de mis lectores dirá "¡pero si eso es muchísimo, es el doble!", pero en realidad yo estoy acostumbrada a viajar ese tiempo porque es la mismo que demoraba en ir de la casa de mi mamá a la Universidad y por otro lado, el camino en bus era mucho mejor que el del TX, que tiene unas paredes de concreto a ambos lados que no dejan ver mucho (hay unas poquitas fotos del viaje en la galería). Por otro lado, para ir al TX hay que caminar unos 25 minutos de acá hasta la estación, mientras que el bus tiene una parada relativamente cerca, a unos 15 minutos de la residencia (¡y que se agradecen cuando venimos de vuelta!).

Así las cosas, llegar desde Ueno a Yokohama demora una buena media hora, cambiando en Tokyo a la línea JR Tōkaidō. No es mucho. Al salir de la estación, a mano derecha hay una oficina de información turística donde se puede conseguir un mapa. Más allá de la oficina se ve el inmenso rascacielos de Landmark Tower, en cuyo piso 69 hay un mirador, por el que hay que pagar ¥1000. Nosotros somos turistas de bolsillo pobre y en realidad no valía mucho la pena pagar por vistas de día, las de noche son las más impresionantes y para eso teníamos reservado ir al Tocho, al edificio del Gobierno Metropolitano de Tokyo, unos días más tarde, así que nos saltamos esta visita.

Desde la misma salida de la estación se ven unas escaleras mecánicas que llevan a un bonito paseo elevado, que ahora estaban arreglando pero que no nos impidió ver de lejos el Nippon Maru, un barco precioso construido en 1930 para servir de buque escuela a los marinos mercantes japoneses (Xavier me explica que los marinos mercantes son los marinos civiles) y que fue reemplazado en 1984 por otro barco que a mis ojos se ve igual en las fotos. Este Nippon Maru es un museo, aunque justo cuando nosotros pasamos por allí estaba cerrado.

Nippon Maru
Desde el mismo barco es posible caminar hasta la cercana entrada a la Landmark Tower y tomar los ascensores más rápidos de Japón hasta el mirador o seguir de largo hasta el Queen's Square, un centro comercial enorme, con unos pasillos increíblemente inmensos de altos y una pinta cuica (este es un diccionario: ver definición 3) que no se la puede (eso fue algo sorprendente: los centros comerciales en Japón, al menos todos los que vi en Tokyo y Tsukuba, tienen el mismo aire de querer aparentar ser elegantes y sofisticados, que tienen los de Chile. En España y los otros países que conozco no se pretende vender además sofisticación y estatus a través de la ropa y las tiendas son mucho más desordenadas y normales).

Después de eso, caminando por un montón de rascacielos muy bonitos, llegamos al Museo Mitsubishi Minato Mirai. Estuvo super entretenido, aunque al principio no lo pareciera. El museo está lleno de juegos y de cosas que se pueden manosear, así que es fácil distraerse. En el primer piso hay una exhibición de transporte, el océano y el espacio, con experimentos divertidos y un montón más de texto en japonés que en castellano. El segundo piso estaba casi destinado a las energías verdes, con una mesa preciosa en la que podía reproducirse una reacción nuclear en cadena aumentando la temperatura y las reacciones, solo moviendo pelotitas. También había un simulador de auto, en el que Xavier se subió y en el que tenía que contestar unas preguntas respecto de los autos eléctricos.

Xavier en el simulador de auto eléctrico.
También había otras cosas cachirulas en este piso, como un simulador de helicóptero, en el que nos subimos con Xavier al mando. Primero tuvimos que pasar por un "curso", ver un video en el que nos enseñaban a elevar el helicóptero, cómo girar y cómo volver a aterrizar. Una vez que terminamos, nos subimos al simulador y nos dejaron encerrados después de comprobar que teníamos puesto el cinturón (si el simulador detectaba que no lo teníamos, se detenía). Xavier no tuvo grandes problemas para manejar el aparato, sorprendentemente realista en su forma de moverse. Probablemente si la pantalla hubiera sido más real, nos hubiera dado un mareo horrible en los primeros momentos, cuando estaba tratando de elevarse. Al final igual fuimos descalificados porque Xavier aterrizó fuera del área designada, pero al menos lo hicimos de una pieza y no nos estrellamos.

El simulador de helicóptero
Pero lo que me gustó más fue una "fábrica virtual" que no pudimos fotografiar porque transcurre en una habitación oscura, con lentes 3D. En una especie de cine pero con dos mesas, nos dieron unos mouses redondos, como unos discos, que se apretaban como si fueran un botón sobre una mesa que reconocía su movimiento. Debíamos completar unos diagramas de un tren con las piezas que correspondían, "pinchándolas" con este mouse-disco y arrastrándolas hasta la parte del esquema donde creíamos que iban. Eramos 4 equipos y se nos dió a armar diferentes piezas de un tren a vapor, las ruedas, el motor, etc. Fue super cachirulo, aunque me di cuenta que no puedo usar mucho las cosas 3D a una distancia muy cercana. Mis ojos tienen problemas bastante graves de foco, bueno, eso es porque soy piti nomás, pero soy terriblemente consciente de que no puedo enfocar con los dos ojos a la misma distancia y me molesta. No puedo ver tv a tres metros de distancia sin lentes por eso. Ahora me pasó lo mismo y la visión 3D casi me mató la cabeza, fui incapaz de unificar la imagen como una visión tridimensional. Todo el tiempo vi dos imágenes, una por cada ojo, a pesar de que usé los lentes 3D sobre mis propios lentes.

Había también un programa de diseño de aviones, pero a mí me dió lata usarlo y parece que Xavier no estaba muy interesado tampoco. En realidad creo que nunca hemos podido hacer todo lo que habíamos pensado inicialmente.

Del museo salimos hacia el Océano Pacífico.

El Pacífico
Fue una cosa emocionante ver que estábamos al otro lado de nuestro mismo mar. Es cierto que no estamos en el mismo hemisferio, pero no se puede ir más al este sin toparse con el mismo continente del que uno salió. Obviando las islas, ya di una vuelta completa en tierra. Por desgracia habíamos olvidado lo terriblemente frío que es el Pacífico y por lo tanto estábamos entumidos, corría un viento horroroso.

Ya muertos de hambre fuimos a buscar comida a Chinatown, el más grande de Asia (salvo la mismísima China, jejeje). El origen de este lugar viene de las restricciones que se ponían a los extranjeros para escoger dónde vivir después de la apertura de Japón obligado por Perry. Si bien el gran terremoto de Kanto de 1923 y la guerra entre China y Japón de 1937 detuvieron momentáneamente el crecimiento de Chinatown, en 1955 Chinatown fue oficialmente reconocido como Yokohama Chukagai (Yokohama Chinatown) y se construyó una puerta "de buena voluntad". Ahora mismo Chinatown tiene un montón de puertas y casi desde donde uno venga se cruzará con una.

Puerta de la Buena Voluntad
Esta es la puerta de la buena voluntad (Goodwill Gate) de noche, cuando volvíamos. Tenemos una foto de día también.

Ya dije que la comida es más o menos fácil de identificar, o hay figuras de plástico o hay fotos, así que basta con saberse el ritual en que preguntan cuántos somos y si fumamos. Listo eso, miramos las fotos y escogimos un menú de ¥900 cada uno, diferentes para poder comer lo más posible. Y además pedimos unos arrollados primavera, afortunadamente llamados "spring rolls" (lo mismo en inglés). Esto es lo que obtuvimos:

Comida china en Yokohama
Es la cena más deliciosa de mi vida, incluso a pesar de que la carne no era carne, sino hígado, según Xavier (y yo ni me enteré). No tuve problema alguno con los palitos, aunque los arrolladitos los comí con la mano, que para eso soy gayjin y puedo hacer lo que quiera.

En el camino de vuelta nos encontramos con un templo precioso (el enlace lleva a la primera foto del templo), pero del que no sé nada, ni el nombre, que tenía unos dragones increíbles en los pilares, en las esquinas, los muros, uf, una cosa maravillosa. Además tenía linternas rojas con tanta buena suerte que como estaba super oscuro ese día, las alcanzamos a ver prendidas en el atardecer.

Después y casi rodando nos fuimos al mar otra vez, adonde Xavier quería mirar al Hikawa Maru, un crucero que hacía viajes desde Japón a Seattle y Vancouver entre 1930 y 1960, y también fue hospital durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora mismo estaba cerrado al público.

Hikawa Maru
Y ya después de esto nos fuimos a meter a nuestra cajita de fósforos que teníamos por habitación, una miniatura de 1.5 por 2 m2, donde yo cabía exactamente atravesada y Xavier exactamente a lo largo, considerando el espacio para dejar los zapatos (porque la mini-pieza estaba cubierta de tatamis y tenía un pequeño escalón para dejar los zapatos). A pesar del tamaño, los futones que nos dieron estaban muy confortables, aunque a la hora de armarlos descubrimos que no cabían, que teníamos que doblarlos o superponerlos. Así que decidimos armar una sola gran cama-futón, dejando unos pequeñitos espacios a ambos lados donde el futón no alcanzaba a llegar. Teníamos aire acondicionado así que frío no íbamos a pasar y aunque el baño era compartido y se oía todo el ruido, estábamos tan cansados que no nos importó nada y dormimos como una piedra. Como ya se habrán imaginado, el alojamiento era muy barato y no estaba muy lejos de lo interesante.

Mini-pieza
¡Y eso fue todo por hoy!