Kamakura es una pequeñita ciudad situada en la prefectura de Kanagawa, al suroeste de Tokyo. Llegar desde Yokohama demora aproximadamente media hora usando la línea JR Yokosuka (Wikipedia en inglés). Según Hyperdia este viaje cuesta ¥330, aunque nosotros ya éramos los felices poseedores de un Japan Rail Pass (JRP).
Como espero sea costumbre para ustedes, acá va el mapa en Google Maps:
Ver Kamakura en un mapa más grande
En estricto rigor nosotros nos bajamos en la estación Kita-Kamakura (Wikipedia en inglés), más cercana a los templos que pensábamos visitar.
Nuestra primera parada fue el templo Engaku-ji, considerado el segundo de los templos budistas más importantes de Japón, fundado en el 1282 por un monje budista chino, para honrar a los soldados que habían luchado contra los mongoles el año anterior. Creo que aquí comprendimos que cuando dicen "templo" o "santuario", los japoneses nunca se refieren a un edificio aislado, sino a un complejo. Al final uno se cansa un poco de mirar todos los edificios, porque hasta donde alcanzan los pies y los ojos hay cosas preciosas que mirar. Y siempre falta algo.

Más allá de la entrada, pagando ¥300 (según la Wikipedia, mi guía está guardada en el librero en el otro extremo de la casa y me da flojera ir a buscarla para comprobar) nos esperaba la magnífica puerta Sanmon, reconstruida alrededor de 1780. El interior de la puerta tenía mi tamaño exacto: yo podía pararme en su interior sin tener que agachar la cabeza en los enormes pilares, mientras que Xavier ya no. Creo que aquí tengo que disculparme por las fotos. Pero es que llovía tanto al principio, que no teníamos forma de sacar fotos decentes. Hay otra foto de la puerta Sanmon aquí.

Directamente tras la puerta Sanmon está el Hall Principal o Butsuden, reconstruido en 1964 después de que el terremoto de Kanto (1923) destruyera el original, que data (según lo que yo entendí) de 1573.

Esta vez tomamos una foto del interior, aunque mi conciencia me dice que no debíamos. La estatua de Shaka Nyorai o Sakyamuni, el Budda Iluminado, mide alrededor de 3 metros de altura, pero no pudimos acercarnos a verla con atención puesto que el acceso al interior estaba vedado a los turistas. La estatua fue fabricada a finales del período Kamakura (1185/92-1333) y el dragón del techo fue pintado entre finales del 1800 y 1970 (pongo los años de nacimiento y muerte del pintor, no sé más datos).

A la izquierda del Butsuden hay un pequeño edificio, el Sembutsudo Hall, destinado a ser un depósito de sutras además de un lugar de meditación.
En medio de toda esta maraña de edificios que no tenían nombre, subimos una larga escalera para visitar un Tesoro Nacional de Japón, la Gran Campana Ōgane (大鐘), de 2.5 metros de altura y fabricada en 1301. Esta campana es la más grande de Kamakura. Realmente es una cosa digna de verse, porque está en lo más alto de la colina donde está Engaku-ji y su sonido debe ser bastante poderoso. Por desgracia (o por suerte) la campana está amarrada y no se la puede tocar.

Desde donde está la campana es posible tener unas muy verdes y bonitas vistas del valle alrededor de Kita-Kamakura. Pero nosotros ya estábamos muy mojados. Hay unas fotos en la galería, aquí y aquí.
Un poco más arriba nos esperaba una puerta Karamon, también llamada Chokushimon. El nombre Karamon se refiere a la forma curva, aunque Kara significa China. Al otro lado hay un edificio llamado Kojirin, dedicado al estudio y meditación Zen, abierto al público. Precisamente porque había mucho movimiento de gente alrededor de este edificio, nosotros nos fuimos a molestar con nuestra cámara a otro lado.

Un poco más allá y a la izquierda según nuestra caminata nos encontramos con un precioso estanque, llamada Myoko-chi (chi significa estanque), diseñada por el sacerdote fundador, Muso, que además era un famoso diseñador de jardines (hay uno suyo famoso en Kyoto). Se dice que uno de los edificios que se ven arriba del estanque es la residencia del sacerdote jefe del templo.

Llegados a este punto, nos empezamos a devolver. No llegábamos al final y el famoso Shari-den, edificio construido en el siglo 16 y que se supone contiene un diente de Budda, probablemente estaría cerrado (solo abre pocas veces para los turistas).
Así que nos devolvimos a la estación Kita-Kamakura y nos fuimos a la estación Kamakura, donde tomamos la línea Enasen, bajándonos en la estación Hase. Y aquí se da la oportunidad de decir una cosa de Japón: todo está en alfabeto latino. Si uno tiene idea de cómo se llama el lugar adonde va, difícilmente tendrá problemas en los lugares turísticos. Puede que el inglés de los japoneses sea un dialecto de su invención y no el idioma que habla la Reina Isabel, pero "el inglés" de los letreros es claro y comprensible (por si anda algún pajarraco por allí que cree que estoy usando el alfabeto inglés -yo conozco uno y me dan ganas de patearlo en las canillas por esto-, sería bueno que supiera que los ingleses no inventaron estas letras).

El templo Kotokuin no está muy lejos de la estación Hase, serán como mucho 10 minutos de caminata. Al llegar nos encontramos con una puerta Niomon, guardada por dos dioses Nio, uno con la boca abierta y el otro cerrada. Esto se interpreta como que el primero está pronunciando "ah", 阿, "el principio" y el otro "un", 阿, "el final". Esto significa el principio y final de todas las cosas y veremos en otras puertas esta misma "simbología". Así los dioses evitan que entre la maldad al templo.

Cuando uno va sin idea de qué significa grande, en realidad no se da cuenta de que Gran Budda de Kamakura significa en realidad el Inmenso Budda de Kamakura. Quizás lo que hace más grande la impresión es que la sala principal del templo Kotokuin, dentro del cual estaba la estatua, ya no existe, se la llevó un tsunami al final del siglo 15. Es posible entrar a la estatua (previo pago de ¥20), como quien dice a las tripas de Budda, para ver las restauraciones que se le hicieron, agregando un refuerzo en el cuello y un dispositivo en la base que absorba los temblores (aquí puede verse el refuerzo).
El Budda representado es Amida Budda, a quien hemos visto y veremos en otros templos, a veces llamado el Budda de la luz. La estatua mide 13 metros de alto, pesa 120 toneladas y solo la cara mide 2.5 metros. Una cosa muy bonita es que tiene unas especie de alitas en la espalda, unas ventanas por las que entra luz. Me imagino que eso es para eliminar la tremenda humedad que había dentro de Budda.

Una cosa que me gustó mucho fueron las sandalias de Budda. Leí en una página llena de información histórica de Kamakura (y que me ayudó un montón a escribir esta guía, especialmente a la hora de identificar cada edificio) que las sandalias eran un regalo de una escuela de la prefectura de Ibaraki (donde está Tsukuba) en agradecimiento por una buena cosecha. La parte bonita es que los niños dijeron que se sentirían muy felices si Budda decidía usar esas sandalias cuando diera un paseo después de estar cansado por llevar más de 700 años sentado allí. Eso me recuerda que no he dicho que los niños son muy familiares y cariñosos al hablar de Budda, al que suelen llamar Amida-san (yo los oí con mis propias orejitas en varios templos).
Este templo está bastante vacío, así que no hay mucho que ver. Sin embargo, detrás del Gran Budda hay un bonito templo llamado Kangetsudo Hall.

Una vez listos, nos devolvemos a la estación Hase, pero un poco antes de llegar a ella doblamos para ir al templo Hase (Hasedera). Este templo me sorprendió por los preciosos jardines (hay fotos aquí, aquí, aquí y aquí). Los anteriores templos eran muy verdes y bonitos, pero los jardines eran mucho menos "deslumbrantes". En Hasedera hay muchas fuentes, cascadas y flores. Se dice que Hasedera fue fundado en el 736, pero parece que no hay certeza en realidad.

Como ya pasó antes, Hasedera es un complejo de edificios. Al entrar y pasar los bonitos estanques llenos de carpas, podemos ver un pequeño hall dedicado a Benten (or Benzaiten), una diosa Shinto de la belleza femenina y la salud (también leo por allí que es diosa de las artes y el agua. Al final parece que todos los dioses son pluriempleados). Más adelante hay una cueva llamada Bentenkutsu, con estatuas de Benten. Cuando nosotros pasamos estaban haciendo restauraciones sobre las estatuas así que salvo la imagen que ya enlacé, todas las demás salieron bastante malas.
Un poco más arriba, en una terraza, está lo que más tristeza me dió de este viaje, el templo dedicado a Jizo, protector de los niños. Alrededor de este pequeño templo hay muchas pequeñas estatuas de Jizo, dedicadas a las almas de los niños nacidos muertos o abortados. Los papás de estos bebés ruegan para que Jizo cuide de sus almas en el más allá. Realmente lo más triste no son las estatuas, sino el hecho de que algunas están vestidas con baberos o gorritos tejidos, o incluso que hay juguetes en el interior del templo. Se calcula que unas 50.000 estatuas han sido ofrecidas desde después de la guerra pero solo vimos unas 1000. Cada año esas estatuas son enterradas para hacer espacio a más estatuas que se venden en los terrenos del templo.

Tal como subimos, primero veremos el Amida-do Hall, donde hay una estatua de 2.8 metros de Amida Nyorai (Budda), que fue trasladada en 1688 a su actual ubicación. La foto que enlacé es una foto mal sacada del Hall, al que no debíamos fotografiar (lo sentimos, otra maldad más).
Luego viene lo más importante dentro de Hasedera: una inmensa imagen de Kannon, diosa de la misericordia, cuya foto no podemos mostrarles (vamos a preguntar a Google Images si tiene una... sí, gracias a los dioses. El sitio oficial del templo, www.hasedera.jp tiene una foto a nuestra disposición, que aunque no le hace ni la más mínima justicia - pues la imagen mide más de 9 metros- al menos les permite ver qué es lo que vimos). En la foto no se alcanza a ver bien, pero Kannon tiene 11 caras, con las que Kannon pone atención a todos nosotros y nuestros males. Si nosotros ya habíamos quedado estupefactos con el Gran Budda, es que Kannon fue una cosa increíble, a pesar de ser más pequeña. Creo que las caras y el precioso halo detrás (restaurado en 1991) aumentaron mi sensación de ser pequeña e insignificante.
Un poco más allá y también no fotografiable (aunque vale la pena ir a la página del templo, www.hasedera.jp, aunque esté en inglés: tienen buenas fotos) hay un pequeño hall con una imagen de Daikokuten, uno de los 7 Dioses de la Fortuna (¿recuerdan el viaje a Akihabara? El templo Kanda-myōjin está dedicado a Daikokuten), el dios de la abundancia (específicamente en la cosecha), la cocina (la habitación), entre otras cosas.
Otro poco más allá vimos una cosa que en ese momento no entendimos. Este armado de madera se llama rinzo y contiene las sutras importantes para el templo. Se dice que girándolo se adquiere el mismo mérito que leyendo todas las sutras. Por desgracia, nuestra ignorancia nos privó de adquirir el mérito, porque yo me temí que el letrero que había en el rinzo decía "señor turista, no toque".

Un poco más allá había un restaurant con unas muy bonitas vistas del mar, pero nosotros nos fuimos. Caminamos hasta la estación Hase y seguimos un poco más allá hasta llegar al mar.
Cada vez que me acerqué al Pacífico por este lado sentía una emoción fuertísima. No se podía estar más lejos, ni en tiempo ni en distancia, incluso estando al otro lado del mismo mar. Supongo que es más intenso todo porque nunca pensé en salir de Chile, si yo pensaba que solo los ricos podían pagarse un pasaje de avión. Qué ironía, ¿no? Lo triste es que hacía un viento y un frío espantoso así que apenas Xavier bajó al agua y nos fuimos.

Creo que aquí me quedaré por hoy... me falta un templo y es inmenso también. Seguiré mañana después de un buen tuto.
Como espero sea costumbre para ustedes, acá va el mapa en Google Maps:
Ver Kamakura en un mapa más grande
En estricto rigor nosotros nos bajamos en la estación Kita-Kamakura (Wikipedia en inglés), más cercana a los templos que pensábamos visitar.
Nuestra primera parada fue el templo Engaku-ji, considerado el segundo de los templos budistas más importantes de Japón, fundado en el 1282 por un monje budista chino, para honrar a los soldados que habían luchado contra los mongoles el año anterior. Creo que aquí comprendimos que cuando dicen "templo" o "santuario", los japoneses nunca se refieren a un edificio aislado, sino a un complejo. Al final uno se cansa un poco de mirar todos los edificios, porque hasta donde alcanzan los pies y los ojos hay cosas preciosas que mirar. Y siempre falta algo.

Más allá de la entrada, pagando ¥300 (según la Wikipedia, mi guía está guardada en el librero en el otro extremo de la casa y me da flojera ir a buscarla para comprobar) nos esperaba la magnífica puerta Sanmon, reconstruida alrededor de 1780. El interior de la puerta tenía mi tamaño exacto: yo podía pararme en su interior sin tener que agachar la cabeza en los enormes pilares, mientras que Xavier ya no. Creo que aquí tengo que disculparme por las fotos. Pero es que llovía tanto al principio, que no teníamos forma de sacar fotos decentes. Hay otra foto de la puerta Sanmon aquí.

Directamente tras la puerta Sanmon está el Hall Principal o Butsuden, reconstruido en 1964 después de que el terremoto de Kanto (1923) destruyera el original, que data (según lo que yo entendí) de 1573.

Esta vez tomamos una foto del interior, aunque mi conciencia me dice que no debíamos. La estatua de Shaka Nyorai o Sakyamuni, el Budda Iluminado, mide alrededor de 3 metros de altura, pero no pudimos acercarnos a verla con atención puesto que el acceso al interior estaba vedado a los turistas. La estatua fue fabricada a finales del período Kamakura (1185/92-1333) y el dragón del techo fue pintado entre finales del 1800 y 1970 (pongo los años de nacimiento y muerte del pintor, no sé más datos).

A la izquierda del Butsuden hay un pequeño edificio, el Sembutsudo Hall, destinado a ser un depósito de sutras además de un lugar de meditación.
En medio de toda esta maraña de edificios que no tenían nombre, subimos una larga escalera para visitar un Tesoro Nacional de Japón, la Gran Campana Ōgane (大鐘), de 2.5 metros de altura y fabricada en 1301. Esta campana es la más grande de Kamakura. Realmente es una cosa digna de verse, porque está en lo más alto de la colina donde está Engaku-ji y su sonido debe ser bastante poderoso. Por desgracia (o por suerte) la campana está amarrada y no se la puede tocar.

Desde donde está la campana es posible tener unas muy verdes y bonitas vistas del valle alrededor de Kita-Kamakura. Pero nosotros ya estábamos muy mojados. Hay unas fotos en la galería, aquí y aquí.
Un poco más arriba nos esperaba una puerta Karamon, también llamada Chokushimon. El nombre Karamon se refiere a la forma curva, aunque Kara significa China. Al otro lado hay un edificio llamado Kojirin, dedicado al estudio y meditación Zen, abierto al público. Precisamente porque había mucho movimiento de gente alrededor de este edificio, nosotros nos fuimos a molestar con nuestra cámara a otro lado.

Un poco más allá y a la izquierda según nuestra caminata nos encontramos con un precioso estanque, llamada Myoko-chi (chi significa estanque), diseñada por el sacerdote fundador, Muso, que además era un famoso diseñador de jardines (hay uno suyo famoso en Kyoto). Se dice que uno de los edificios que se ven arriba del estanque es la residencia del sacerdote jefe del templo.

Llegados a este punto, nos empezamos a devolver. No llegábamos al final y el famoso Shari-den, edificio construido en el siglo 16 y que se supone contiene un diente de Budda, probablemente estaría cerrado (solo abre pocas veces para los turistas).
Así que nos devolvimos a la estación Kita-Kamakura y nos fuimos a la estación Kamakura, donde tomamos la línea Enasen, bajándonos en la estación Hase. Y aquí se da la oportunidad de decir una cosa de Japón: todo está en alfabeto latino. Si uno tiene idea de cómo se llama el lugar adonde va, difícilmente tendrá problemas en los lugares turísticos. Puede que el inglés de los japoneses sea un dialecto de su invención y no el idioma que habla la Reina Isabel, pero "el inglés" de los letreros es claro y comprensible (por si anda algún pajarraco por allí que cree que estoy usando el alfabeto inglés -yo conozco uno y me dan ganas de patearlo en las canillas por esto-, sería bueno que supiera que los ingleses no inventaron estas letras).

El templo Kotokuin no está muy lejos de la estación Hase, serán como mucho 10 minutos de caminata. Al llegar nos encontramos con una puerta Niomon, guardada por dos dioses Nio, uno con la boca abierta y el otro cerrada. Esto se interpreta como que el primero está pronunciando "ah", 阿, "el principio" y el otro "un", 阿, "el final". Esto significa el principio y final de todas las cosas y veremos en otras puertas esta misma "simbología". Así los dioses evitan que entre la maldad al templo.

Cuando uno va sin idea de qué significa grande, en realidad no se da cuenta de que Gran Budda de Kamakura significa en realidad el Inmenso Budda de Kamakura. Quizás lo que hace más grande la impresión es que la sala principal del templo Kotokuin, dentro del cual estaba la estatua, ya no existe, se la llevó un tsunami al final del siglo 15. Es posible entrar a la estatua (previo pago de ¥20), como quien dice a las tripas de Budda, para ver las restauraciones que se le hicieron, agregando un refuerzo en el cuello y un dispositivo en la base que absorba los temblores (aquí puede verse el refuerzo).
El Budda representado es Amida Budda, a quien hemos visto y veremos en otros templos, a veces llamado el Budda de la luz. La estatua mide 13 metros de alto, pesa 120 toneladas y solo la cara mide 2.5 metros. Una cosa muy bonita es que tiene unas especie de alitas en la espalda, unas ventanas por las que entra luz. Me imagino que eso es para eliminar la tremenda humedad que había dentro de Budda.

Una cosa que me gustó mucho fueron las sandalias de Budda. Leí en una página llena de información histórica de Kamakura (y que me ayudó un montón a escribir esta guía, especialmente a la hora de identificar cada edificio) que las sandalias eran un regalo de una escuela de la prefectura de Ibaraki (donde está Tsukuba) en agradecimiento por una buena cosecha. La parte bonita es que los niños dijeron que se sentirían muy felices si Budda decidía usar esas sandalias cuando diera un paseo después de estar cansado por llevar más de 700 años sentado allí. Eso me recuerda que no he dicho que los niños son muy familiares y cariñosos al hablar de Budda, al que suelen llamar Amida-san (yo los oí con mis propias orejitas en varios templos).
Este templo está bastante vacío, así que no hay mucho que ver. Sin embargo, detrás del Gran Budda hay un bonito templo llamado Kangetsudo Hall.

Una vez listos, nos devolvemos a la estación Hase, pero un poco antes de llegar a ella doblamos para ir al templo Hase (Hasedera). Este templo me sorprendió por los preciosos jardines (hay fotos aquí, aquí, aquí y aquí). Los anteriores templos eran muy verdes y bonitos, pero los jardines eran mucho menos "deslumbrantes". En Hasedera hay muchas fuentes, cascadas y flores. Se dice que Hasedera fue fundado en el 736, pero parece que no hay certeza en realidad.

Como ya pasó antes, Hasedera es un complejo de edificios. Al entrar y pasar los bonitos estanques llenos de carpas, podemos ver un pequeño hall dedicado a Benten (or Benzaiten), una diosa Shinto de la belleza femenina y la salud (también leo por allí que es diosa de las artes y el agua. Al final parece que todos los dioses son pluriempleados). Más adelante hay una cueva llamada Bentenkutsu, con estatuas de Benten. Cuando nosotros pasamos estaban haciendo restauraciones sobre las estatuas así que salvo la imagen que ya enlacé, todas las demás salieron bastante malas.
Un poco más arriba, en una terraza, está lo que más tristeza me dió de este viaje, el templo dedicado a Jizo, protector de los niños. Alrededor de este pequeño templo hay muchas pequeñas estatuas de Jizo, dedicadas a las almas de los niños nacidos muertos o abortados. Los papás de estos bebés ruegan para que Jizo cuide de sus almas en el más allá. Realmente lo más triste no son las estatuas, sino el hecho de que algunas están vestidas con baberos o gorritos tejidos, o incluso que hay juguetes en el interior del templo. Se calcula que unas 50.000 estatuas han sido ofrecidas desde después de la guerra pero solo vimos unas 1000. Cada año esas estatuas son enterradas para hacer espacio a más estatuas que se venden en los terrenos del templo.

Tal como subimos, primero veremos el Amida-do Hall, donde hay una estatua de 2.8 metros de Amida Nyorai (Budda), que fue trasladada en 1688 a su actual ubicación. La foto que enlacé es una foto mal sacada del Hall, al que no debíamos fotografiar (lo sentimos, otra maldad más).
Luego viene lo más importante dentro de Hasedera: una inmensa imagen de Kannon, diosa de la misericordia, cuya foto no podemos mostrarles (vamos a preguntar a Google Images si tiene una... sí, gracias a los dioses. El sitio oficial del templo, www.hasedera.jp tiene una foto a nuestra disposición, que aunque no le hace ni la más mínima justicia - pues la imagen mide más de 9 metros- al menos les permite ver qué es lo que vimos). En la foto no se alcanza a ver bien, pero Kannon tiene 11 caras, con las que Kannon pone atención a todos nosotros y nuestros males. Si nosotros ya habíamos quedado estupefactos con el Gran Budda, es que Kannon fue una cosa increíble, a pesar de ser más pequeña. Creo que las caras y el precioso halo detrás (restaurado en 1991) aumentaron mi sensación de ser pequeña e insignificante.
Un poco más allá y también no fotografiable (aunque vale la pena ir a la página del templo, www.hasedera.jp, aunque esté en inglés: tienen buenas fotos) hay un pequeño hall con una imagen de Daikokuten, uno de los 7 Dioses de la Fortuna (¿recuerdan el viaje a Akihabara? El templo Kanda-myōjin está dedicado a Daikokuten), el dios de la abundancia (específicamente en la cosecha), la cocina (la habitación), entre otras cosas.
Otro poco más allá vimos una cosa que en ese momento no entendimos. Este armado de madera se llama rinzo y contiene las sutras importantes para el templo. Se dice que girándolo se adquiere el mismo mérito que leyendo todas las sutras. Por desgracia, nuestra ignorancia nos privó de adquirir el mérito, porque yo me temí que el letrero que había en el rinzo decía "señor turista, no toque".

Un poco más allá había un restaurant con unas muy bonitas vistas del mar, pero nosotros nos fuimos. Caminamos hasta la estación Hase y seguimos un poco más allá hasta llegar al mar.
Cada vez que me acerqué al Pacífico por este lado sentía una emoción fuertísima. No se podía estar más lejos, ni en tiempo ni en distancia, incluso estando al otro lado del mismo mar. Supongo que es más intenso todo porque nunca pensé en salir de Chile, si yo pensaba que solo los ricos podían pagarse un pasaje de avión. Qué ironía, ¿no? Lo triste es que hacía un viento y un frío espantoso así que apenas Xavier bajó al agua y nos fuimos.

Creo que aquí me quedaré por hoy... me falta un templo y es inmenso también. Seguiré mañana después de un buen tuto.
















